• "Mejor tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo".
  • Carne seca, alimento esencial para lograr la supervivencia

  • Contar con una proteína de alto valor nutricional, preparada para durar mucho tiempo y que se pueda trasladar sin complicaciones, es lo que persigue todo preparacionista. La cecina es el producto ideal, pues es carne sometida a un proceso de secado para extraerle completamente la humedad, pero manteniendo intactas sus propiedades nutritivas. Si el procedimiento se lleva a cabo de manera correcta y se conserva en un lugar fresco, se tendrá siempre a la mano un buen alimento.

    cecina para sobrevivirEl aporte calórico por cada 100 gramos es de aproximadamente 250 calorías, pero dado que es proteína, favorece la conservación de los músculos del cuerpo. Su bajo porcentaje de grasas y el aporte al organismo de proteína de alta calidad, la ha llevado a ser considerado como uno de los superalimentos y son muchos los atletas de alta competencia que lo incluyen en su dieta. Contiene vitamina A y las del grupo B, pero además es rica en calcio, potasio, hierro, fosforo y magnesio.

    Se puede preparar en casa y adobar con las especias de preferencia para añadirle sabor, pero también puede hacerse en situaciones de supervivencia, con cualquier animal que se logre cazar. En lo adelante explicaremos como elaborarla en cualquiera de estas dos oportunidades.

    Cómo conservar la carne para la supervivencia. Explicación sencilla de cómo secar carne.

    Una vez seleccionada la carne lo primero es proceder a eliminarle la grasa y posteriormente cortarla lo más delgada posible, se recomienda hacer rebanadas de no más de medio centímetro. Si se encuentra en casa y tiene una cortadora de carne se le facilitará el proceso, de no ser así, proceda a realizar los cortes con un cuchillo bien afilado. Esta tarea le tomará un buen tiempo la primera vez pero en la medida que vaya ganando práctica lo reducirá. Una vez rebanada la pieza, comience a adobar la carne, agregue sal y cualquier otro condimento que sea de su especial agrado. Todos ellos contribuirán en el proceso de secado y le otorgarán sabor.

    El secado

    El proceso de secado puede hacerse en un horno o al fuego, pero en cualquiera de los métodos seleccionados lo importante es el calor al que se someta. La clave del éxito es mantener una temperatura entre los 100F y los 200F. Es importante no superar el límite superior. En un horno de cocina es bastante fácil de regular, por ejemplo si se enciende a 175F el proceso demorará aproximadamente unas 8 horas. Si la temperatura es algo más baja pues obviamente tardará más. Una consideración adicional, la carne debe extenderse en varias placas de horno y revisar el proceso cada cierto tiempo para ir sacando las que vayan estando listas, pues dado que la precisión del corte no es perfecta, unas rebanadas se secarán más rápidamente que otras.

    Si no está en su casa y por lo tanto utilizará la brasa del carbón, debe tener en cuenta que necesitará un trípode con una rejilla en su interior para disponer las rebanadas de carne. Si no tiene una entonces puede ensartar la carne en cordeles. El mayor problema a enfrentar con este método es saber cuando la temperatura es la apropiada. Para ello sugerimos colocar la palma de la mano  a la misma altura del fuego, a la que ha colocado la carne, si es capaz de resistir el calor durante 5 o 10 segundos, entonces la temperatura es la correcta para el proceso de secado.

    Otra duda que se le presentará la primera vez que lo intente es como saber que la carne se ha secado, el punto ideal es cuando ha alcanzado un buen nivel de rigidez, pero no tanto como para que se quiebre al tocarla. Otra señal es que al ejercer presión sobre ella no expulse nada de líquido. Terminado el proceso de secado ahora solo queda ubicar un lugar seco y fresco para almacenarla durante meses. Si llegase a humedecerse o se somete a mucho calor entonces en unos cuantos días se habrá puesto mala.

    La selección del tipo de carne queda a su gusto, usualmente se hace de res, chivo, conejo y hasta de caballo en aquellos lugares donde la carne de este animal forma parte de la dieta habitual.

    Lo más importante es practicar, probar  distintos tipos de adobos hasta encontrar la receta que le guste más.

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